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Crítica

En la época de la imagen ...

... de los lujosos catálogos, de las numerosas reproducciones en color, ¿qué objeto tiene presentar la pintura de un artista? ¿decir simplemente que estamos ante un maestro, un verdadero artista, un valor seguro, cotizado y revalorizable?

Quizás ello sea imprescindible para «explicar» el arte culto. Precisamente ahora es cuando cobra su justo significado la cita de Ortega y Gasset - y han pasado más de 60 años de cuando lo escribió - en su «La deshumanización del arte»: «El elemento característico del arte contemporáneo es el hecho de que divide al público en dos clases de personas; los que comprenden y los que no comprenden... Evidentemente el arte moderno no está hecho para cualquiera, como lo estaba el romántico, sino que desde el principio está dirigido a una minoría especialmente dotada... Acostumbradas a predominar en todos los terrenos, las masas sienten que sus derechos están amenazados por el arte moderno, que es un arte privilegiado, una aristocracia del instinto».

Es por ello que los poderosos del dinero aceptan a Picasso «el de la época azul» y compran Millares porque, como los terrenos, es muy buena inversión. Vivimos, por qué negarlo, en una época donde los sacerdotes de la confusión ejecutan la ceremonia del engaño colectivo. El arte ha derivado por derroteros antiestéticos, antisociales y anticulturales. Y se les aplaude.

Por ello, no pienso escribir ni una línea sobre la pintura de Iglesias Sanz. Aquí están sus cuadros. Unos pocos en el presente catálogo, como espléndido preludio de sus exposiciones. Holanda y Bélgica -Amsterdam y Brujas- y la España rutilante del Desfiladero del Cares, del Valle de Arán, de Miraflores de la Sierra, de El Paular y ese largo etcétera que haría las delicias de Manet, Pisarro, Carlos de Haes, Morera, Julio Moisés, Martínez Vázquez.

Antonio Iglesias Sanz entronca con la mejor escuela española del paisaje. Sus cuadros -y le he visto pintar muchas horas- tienen la difícil facilidad de una sonatina de Mozart. Sólido en el dibujo, sin un fallo, la paleta siempre limpia con el cromatismo de los colores básicos. De allí surge todo lo demás. Pintar es difícil. Hacerlo bien... ¡Cuántas exposiciones con el mal llamado expresionismo como fondo enmascaran simplemente una impotencia frente al dibujo y al color! Iglesias Sanz sigue fiel a una tradición que tiene aún mucho que decir y aportar a la Historia del Arte.

Decía Balmes que la verdad es la realidad de las cosas. Y un paisaje -cada paisaje- es una realidad que se nos presenta ante los ojos como un reto de color cambiante, con miles de detalles que sólo un artista es capaz de percibir. El tema, con ser importante, pasa a segundo término cuando a él se enfrenta un pintor con reciedumbre, que puede «abstraer» de la realidad para que quede fijada en el lienzo.

No defiendo el realismo a ultranza ni lo intenta plasmar Iglesias Sanz. El impresionismo y el cubismo han dejado su impronta en todo artista de nuestra hora. El esquema -piedra, río, hierba, casa, cielo- es el pretexto. Detrás viene toda una teoría del paisaje y toda una querencia por los temas difíciles -bruma, nieve, agua, verdes- que son los que verdaderamente dan la talla de un pintor. El señorío de Beruete, la estridencia de un Van Gogh, podrían ser puntos de referencia para demostrar que toda la historia del paisaje es capaz de condensar la historia del arte. Desde Turner a Goya, pasando por la época más gloriosa de los impresionistas y postimpresionistas, se condensa toda una teoría y práctica de la pintura. La rica biblioteca de Iglesias Sanz contiene volúmenes de todos los países que ha ido visitando. Meifrén y Joaquín Mir, selecciones de los grandes Museos, van llenando la mochila de quien con su caballete, en el mejor de los estilos, lo ha ido plantando por todas las geografías para darnos lo mejor de sí mismo.

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José Piñol
Periodista. Crítico de Arte

 
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"La lucha por plasmar el instante de luz, el trazo ágil, la textura espontánea, la autenticidad, sólo se consigue arriesgando en la naturaleza, saturando los sentidos"

Iglesias Sanz, en una de sus habituales salidas para pintar al natural.